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El Teatro Colón le sienta muy bien a Gerónimo Rauch

El talentoso intérprete de El fantasma de la Ópera y Los miserables enalteció al género musical en la inauguración de la nueva temporada del ciclo LN Cultura

JUEVES 06 DE JULIO DE 2017

Cuando el título, ese conjunto de palabras que forma una breve frase y que se utiliza para dar a conocer una obra, hace una descripción clara del contenido que ofrece, hay una sensación de estar sumergiéndose en aguas transparentes. Eso fue lo que sucedió con Songbook, el nombre del concierto con el que Gerónimo Rauch inauguró una nueva temporada del ciclo LN Cultura. Su presentación resultó un verdadero libro de canciones, con su introducción, capítulos y final, que convirtieron la noche en un homenaje a la composición literaria escrita para ser acompañada de música e interpretada con el mejor instrumento: la voz humana. El cantante, uno de los argentinos con mayor trascendencia internacional y que ha brillado en los teatros musicales de la Gran Vía madrileña y el West End de Londres, afirmó estar cumpliendo un sueño desde el mismo momento en que apareció en el escenario. “Esto es magia pura”, dijo emocionado. Con cartel de localidades agotadas, al igual como sucedía frecuentemente con los musicales en los cuales él era el protagonista, el Teatro Colón estuvo repleto, confirmando así que este es un género con muchos seguidores. El público se entusiasmó durante las casi dos horas con las que este trovador vestido de negro viajó por el tiempo, por el lenguaje y por los géneros más diversos, demostrando que su voz fue hecha para lucirse en los escenarios. Acompañado de una banda con 20 músicos bajo la dirección musical de Tomás Mayer Wolf, su actuación sumó otro éxito más al ciclo en el que Elena Roger, Sandra Mihanovich, Jorge Drexler, Litto Nebbia y los Babasónicos brillaron antes que él.

“Yo vengo a ofrecer mi corazón” fue como una especie de promesa con la que se le plantó a la gente, asegurándoles a través de este tema de Fito Páez que su compromiso frente a ellos era total. Y lo demostró inmediatamente cuando sus primeras interpretaciones fueron todos grandes temas que han brillado desde hace mucho sobre los escenarios. “Summertime” de George Gershwin, tantas veces versionada en jazz, pero cuyo origen está en la ópera Porgy y Bess; “My favorite things”, de La novicia rebelde; “Oh, what a beautiful morning”, de Oklahoma; “Luck be a lady tonight”, de Guys and Dolls, y “María”, de Amor sin barreras.

Nunca un escenario más perfecto para recrear la historia que Andrew Lloyd-Webber convirtió en la obra con mayor permanencia en cartel en Broadway. Acá en esta casa de la ópera, no hizo falta máscara alguna para que el fantasma apareciera en escena. Y lo hizo con “Til I hear you sing”, la canción de Love Never Dies, secuela de El fantasma de la Ópera, que curiosamente resultó un fracaso absoluto de taquilla. Solo con su voz, sin vestuario ni escenografía, Rauch confirmó por qué fue uno de los fantasmas de mayor éxito en Londres. “Music of the night” y un espectacular “Phantom of the Opera” acompañado por Magalí Sánchez Alleno, también actriz dedicada al género del teatro musical. Juntos lograron la primera ovación de la noche.

“Lo mejor, lo nuevo y lo distinto”, así planificó el espectáculo que ofreció y así lo cumplió. No cantó lírico, pero quiso hacer un segmento en italiano y dedicarle un homenaje a Ennio Morricone, a quien calificó como el mejor compositor para películas de todos los tiempos, y lo hizo a través de dos de sus temas de Cinema Paradiso y La misión. Pero el Colón, ese escenario por el que han pasado las mejores voces de la lírica del mundo, no podía quedarse sin un pequeño guiño al género, y para esto Rauch seleccionó “Caruso”, la canción compuesta por Lucio Dalla en homenaje a quien fuera uno de los tenores más famosos de Italia: Enrico Caruso y cuya maravillosa voz se escuchó también en este mismo escenario hace más de un siglo. Para continuar envueltos en esa atmósfera, invitó a la soprano Paula Almerares para interpretar “The Prayer”, canción que popularizaron Céline Dion y Andrea Bocelli. Fue un lucimiento de estas dos voces de portento que dejaron ganas de escucharlos compartiendo los roles de Rossini o Donizetti.

Pero había que volver al terruño y a su idioma, y nada como esa canción que evoca a una de las más grandes poetas de la Argentina y que se escuchó por primera vez en la voz de otra grande: Mercedes Sosa. Con “Alfonsina y el mar”, escrita por el pianista Ariel Ramírez con letra de Félix Luna, se abrió otro capítulo en este libro de canciones. Los dos boleros que siguieron: “Inolvidable” y “Contigo en la distancia”, llevaron el viaje hacia otro mar, más cálido y con sonido tropical, gracias a los particulares arreglos que se hicieron en la orquestación.

El nuevo Gerónimo Rauch, ese que quiere desprenderse un poco de esos personajes que tanto lo han acompañado para comenzar a presentarse como solista, seleccionó a la icónica banda de Liverpool para hacerlo. Con canciones de los Beatles grabó su primer disco con el sello Sony Music: Here, There and Everywhere y con ellas afirma haber encontrado su propio sonido. “Something”, de George Harrison, fue la que originó este camino y la presentó en una versión casi acústica, perfecta para su voz. Con “We can work it out” y “Come together”, de Lennon y McCartney, la temperatura del teatro se elevó, el público se entusiasmó y le demostró que tenía toda la razón en versionar y homenajear a esos cuatro que transformaron la música para siempre. El momento porteño llegó cuando invitó al bandoneonista Nicolas Perrone a sumarse a la orquesta para cantar “Volver”, de Gardel, junto a “Eleonor Rigby” en un verdadero momento dos por cuatro, y que cerró con la versión que hizo Mariano Mores a “Roxane”, la famosa canción de Sting para la película musical Moulin Rouge.

Era imposible que no hubiese un capítulo dedicado al personaje del musical que lo convirtió en profesional. Con Jean Valjean de Los miserables ha cosechado los mayores reconocimientos, sumando (junto al fantasma) más de 1000 representaciones en Madrid, Barcelona y Londres. Su interpretación del famoso preso 24601 de la novela de Víctor Hugo le dio la oportunidad de brillar y de ratificar que su talento está hecho a la medida de este género. En “Sálvalo”, gracias al dominio de la melodía, brindó la interpretación más emotiva de toda la noche. Juan Rodó -quien inmortalizó la voz de Drácula en el famoso musical de Pepe Cibrián y Ángel Mahler- salió al escenario para interpretar “Estrellas”, el tema del terrible Javert. Ambos demostraron que las verdaderas estrellas son ellos y sus voces.

Ya el viaje estaba por concluir y la despedida fue doble. La primera con el sonido psicodélico y de rock de los setenta de “Getsemaní”, de Jesucristo Superstar, en donde le hizo un homenaje a sus comienzos en la escena internacional cuando fue el Jesús que brilló en España y que le abrió las puertas a otros personajes y teatros. Pero prometió volver, y que este no sería sino su “primer” concierto en el Colón. Y a manera de promesa cantó “The show must go on” (el show debe continuar), de Queen. Y así debe de ser, siempre.

 

Vía LA NACIÓN

Inauguración de la Torre Monumental 06-07-2017

FOTOS





Songbook: una noche de emociones

Songbook: una noche de emociones

Primer concierto en el Teatro Colón. El tiempo pasó y nunca más me senté en tus butacas desde aquella visita organizada por mi colegio primario en la que nuestros ojos de niños se maravillaron ante la inmensidad de la sala. Conseguimos entradas para la segunda fila de la galería lateral con “vista reducida”. No importó demasiado, nosotras íbamos a escuchar –y lo bien que hicimos–. Llegamos y sacamos algunas fotos, pero las cámaras de los celulares no podían captar lo que veíamos y los guardamos. Eso sí, quedarán como recuerdo de una noche mágica.

Se apagaron las luces principales y todo quedó iluminado por tenues lámparas de luz cálida. Aplausos para recibir a la orquesta y luego al artista que logró agotar las localidades del teatro más emblemático del país: Gerónimo Rauch. Se hizo silencio en cuanto sonaron los primeros acordes de Yo vengo a ofrecer mi corazón. Un título que no pudo ser mejor anticipo de lo que pasaría a lo largo de los noventa y tantos minutos que duró el concierto. Y vaya si lo entregó.

Podría hacer un recorrido por todas las canciones y los mejores momentos de la noche, pero ya lo han hecho y estas palabras no son más que un agradecimiento por entregarnos tu voz, tu alma y tu corazón.

Los musicales siempre fueron mi debilidad. Fui a ver unas cuantas veces la última puesta local de El fantasma de la Ópera y escuché una y otra vez las canciones de Los Miserables. Un día me enteré que había un artista argentino interpretando nada más y nada menos que los roles protagónicos de estas obras en Madrid y en el West End. Logré escuchar sus versiones a través de Youtube –uno de los casos en los que hay que agradecerle a las redes sociales– y nunca las solté, esperando la oportunidad de verlo en vivo acá, en Buenos Aires. Llegó en 2014 y se repitió en 2016, con dos shows totalmente distintos, pero con esas canciones presentes en ambos, a las que se agregó un descubrimiento: Getsemaní. ¿Por qué cuento todo esto? Porque desde entonces es la que espero con más entusiasmo y la versión que pudimos escuchar en el Colón fue magnífica. Desde nuestra ubicación no lográbamos ver su expresión al cantar, solo el movimiento de sus manos –que tanto dicen a la hora de interpretar–. Pero decidí apoyar los brazos sobre la baranda y mi cabeza sobre ellos, cerrar los ojos y escuchar con el corazón… porque hasta ahí llegó cada nota, cada palabra de esa canción tan única y tan difícil. Lo que no podía ver con los ojos, lo vi a través de su voz, cada gesto, cada mirada al cielo. Luego de la última nota, se escuchó uno de los aplausos más largos de la noche. El público reconoció la entrega.

La elección del último tema fue perfecta. Sonaron los acordes de Show must go on ya con las luces encendidas, creo yo, para que desde el escenario pudieras ver bien a todos los que ocupaban una butaca ―aunque algunos ya se habían levantado― de ese teatro en el que te parecía tan difícil cantar, un sueño demasiado grande. El show debe continuar. Tus conciertos seguirán viajando por el mundo, como dijiste en la hermosa entrevista que te hicieron en el programa Amo lo que hago, y así el público de las distintas ciudades que visites podrá disfrutarte y acompañarte en este camino. Siempre habrá oídos dispuestos a escucharte. Soñaste “de a poquito” y el camino largo te seguirá dando oportunidades porque con cada paso dado has dejado una huella, porque ―en tus palabras― decidiste no tomar los atajos y trabajar para alcanzar cada pequeño sueño, cada objetiivo.

Escribí en un tweet como respuesta a una de tus publicaciones posteriores al show: “Emoción y corazón, sin eso tu voz no sería lo que es y no nos emocionaríamos nosotros al escucharte. Te merecés cada aplauso Gero :)”. Creo que es un lindo resumen de todo lo que intenté contar en este texto. ¡Gracias!

Vía http://amaneceryatardecer.tumblr.com/post/162692655943

El Teatro Colón le sienta muy bien a Gerónimo Rauch

El talentoso intérprete de El fantasma de la Ópera y Los miserables enalteció al género musical en la inauguración de la nueva temporada del ciclo LN Cultura

JUEVES 06 DE JULIO DE 2017

Cuando el título, ese conjunto de palabras que forma una breve frase y que se utiliza para dar a conocer una obra, hace una descripción clara del contenido que ofrece, hay una sensación de estar sumergiéndose en aguas transparentes. Eso fue lo que sucedió con Songbook, el nombre del concierto con el que Gerónimo Rauch inauguró una nueva temporada del ciclo LN Cultura. Su presentación resultó un verdadero libro de canciones, con su introducción, capítulos y final, que convirtieron la noche en un homenaje a la composición literaria escrita para ser acompañada de música e interpretada con el mejor instrumento: la voz humana. El cantante, uno de los argentinos con mayor trascendencia internacional y que ha brillado en los teatros musicales de la Gran Vía madrileña y el West End de Londres, afirmó estar cumpliendo un sueño desde el mismo momento en que apareció en el escenario. “Esto es magia pura”, dijo emocionado. Con cartel de localidades agotadas, al igual como sucedía frecuentemente con los musicales en los cuales él era el protagonista, el Teatro Colón estuvo repleto, confirmando así que este es un género con muchos seguidores. El público se entusiasmó durante las casi dos horas con las que este trovador vestido de negro viajó por el tiempo, por el lenguaje y por los géneros más diversos, demostrando que su voz fue hecha para lucirse en los escenarios. Acompañado de una banda con 20 músicos bajo la dirección musical de Tomás Mayer Wolf, su actuación sumó otro éxito más al ciclo en el que Elena Roger, Sandra Mihanovich, Jorge Drexler, Litto Nebbia y los Babasónicos brillaron antes que él.

“Yo vengo a ofrecer mi corazón” fue como una especie de promesa con la que se le plantó a la gente, asegurándoles a través de este tema de Fito Páez que su compromiso frente a ellos era total. Y lo demostró inmediatamente cuando sus primeras interpretaciones fueron todos grandes temas que han brillado desde hace mucho sobre los escenarios. “Summertime” de George Gershwin, tantas veces versionada en jazz, pero cuyo origen está en la ópera Porgy y Bess; “My favorite things”, de La novicia rebelde; “Oh, what a beautiful morning”, de Oklahoma; “Luck be a lady tonight”, de Guys and Dolls, y “María”, de Amor sin barreras.

Nunca un escenario más perfecto para recrear la historia que Andrew Lloyd-Webber convirtió en la obra con mayor permanencia en cartel en Broadway. Acá en esta casa de la ópera, no hizo falta máscara alguna para que el fantasma apareciera en escena. Y lo hizo con “Til I hear you sing”, la canción de Love Never Dies, secuela de El fantasma de la Ópera, que curiosamente resultó un fracaso absoluto de taquilla. Solo con su voz, sin vestuario ni escenografía, Rauch confirmó por qué fue uno de los fantasmas de mayor éxito en Londres. “Music of the night” y un espectacular “Phantom of the Opera” acompañado por Magalí Sánchez Alleno, también actriz dedicada al género del teatro musical. Juntos lograron la primera ovación de la noche.

“Lo mejor, lo nuevo y lo distinto”, así planificó el espectáculo que ofreció y así lo cumplió. No cantó lírico, pero quiso hacer un segmento en italiano y dedicarle un homenaje a Ennio Morricone, a quien calificó como el mejor compositor para películas de todos los tiempos, y lo hizo a través de dos de sus temas de Cinema Paradiso y La misión. Pero el Colón, ese escenario por el que han pasado las mejores voces de la lírica del mundo, no podía quedarse sin un pequeño guiño al género, y para esto Rauch seleccionó “Caruso”, la canción compuesta por Lucio Dalla en homenaje a quien fuera uno de los tenores más famosos de Italia: Enrico Caruso y cuya maravillosa voz se escuchó también en este mismo escenario hace más de un siglo. Para continuar envueltos en esa atmósfera, invitó a la soprano Paula Almerares para interpretar “The Prayer”, canción que popularizaron Céline Dion y Andrea Bocelli. Fue un lucimiento de estas dos voces de portento que dejaron ganas de escucharlos compartiendo los roles de Rossini o Donizetti.

Pero había que volver al terruño y a su idioma, y nada como esa canción que evoca a una de las más grandes poetas de la Argentina y que se escuchó por primera vez en la voz de otra grande: Mercedes Sosa. Con “Alfonsina y el mar”, escrita por el pianista Ariel Ramírez con letra de Félix Luna, se abrió otro capítulo en este libro de canciones. Los dos boleros que siguieron: “Inolvidable” y “Contigo en la distancia”, llevaron el viaje hacia otro mar, más cálido y con sonido tropical, gracias a los particulares arreglos que se hicieron en la orquestación.

El nuevo Gerónimo Rauch, ese que quiere desprenderse un poco de esos personajes que tanto lo han acompañado para comenzar a presentarse como solista, seleccionó a la icónica banda de Liverpool para hacerlo. Con canciones de los Beatles grabó su primer disco con el sello Sony Music: Here, There and Everywhere y con ellas afirma haber encontrado su propio sonido. “Something”, de George Harrison, fue la que originó este camino y la presentó en una versión casi acústica, perfecta para su voz. Con “We can work it out” y “Come together”, de Lennon y McCartney, la temperatura del teatro se elevó, el público se entusiasmó y le demostró que tenía toda la razón en versionar y homenajear a esos cuatro que transformaron la música para siempre. El momento porteño llegó cuando invitó al bandoneonista Nicolas Perrone a sumarse a la orquesta para cantar “Volver”, de Gardel, junto a “Eleonor Rigby” en un verdadero momento dos por cuatro, y que cerró con la versión que hizo Mariano Mores a “Roxane”, la famosa canción de Sting para la película musical Moulin Rouge.

Era imposible que no hubiese un capítulo dedicado al personaje del musical que lo convirtió en profesional. Con Jean Valjean de Los miserables ha cosechado los mayores reconocimientos, sumando (junto al fantasma) más de 1000 representaciones en Madrid, Barcelona y Londres. Su interpretación del famoso preso 24601 de la novela de Víctor Hugo le dio la oportunidad de brillar y de ratificar que su talento está hecho a la medida de este género. En “Sálvalo”, gracias al dominio de la melodía, brindó la interpretación más emotiva de toda la noche. Juan Rodó -quien inmortalizó la voz de Drácula en el famoso musical de Pepe Cibrián y Ángel Mahler- salió al escenario para interpretar “Estrellas”, el tema del terrible Javert. Ambos demostraron que las verdaderas estrellas son ellos y sus voces.

Ya el viaje estaba por concluir y la despedida fue doble. La primera con el sonido psicodélico y de rock de los setenta de “Getsemaní”, de Jesucristo Superstar, en donde le hizo un homenaje a sus comienzos en la escena internacional cuando fue el Jesús que brilló en España y que le abrió las puertas a otros personajes y teatros. Pero prometió volver, y que este no sería sino su “primer” concierto en el Colón. Y a manera de promesa cantó “The show must go on” (el show debe continuar), de Queen. Y así debe de ser, siempre.

 

Vía  LA NACIÓN

Los cinco momentos del concierto de Gerónimo Rauch en el Teatro Colón

Los cinco momentos del concierto de Gerónimo Rauch en el Teatro Colón

El cantante, conocido por su protagónico de El fantasma de la Opera en Londres, presentó un espectáculo especial dentro del ciclo de LA NACION Cultura en el Colón

LA NACION

MARTES 04 DE JULIO DE 2017 • 00:38
Gerónimo Rauch
Gerónimo Rauch. Foto: LA NACION / Fabián Marelli

En quince años Gerónimo Rauch pasó de ser una estrella pop para adolescentes a transformarse en un cantante icónico del género del musical, protagonizando en el West End de Londres una nueva versión de El fantasma de la Opera de Andrew Lloyd Webber. El cantante, que actualmente vive en Madrid, donde viene desarrollando una nueva etapa solista tras la salida de su disco tributo a Los Beatles, regresó a Buenos Aires para cumplir el sueño de presentar su nuevo espectáculo Songbook, dentro del ciclo de conciertos en el Teatro Colón de LA NACION Cultura, con entradas agotadas. El cantante concibió el concierto a medida de este templo acústico, acompañado por una orquesta de veinte músicos, dirigidos por Tomas Mayer Wolf y con arreglos de Gerardo Gardelín.

Bitácora musical. En su regreso a los escenarios porteños, Rauch ensayó una suerte de viaje por su propio recorrido musical y los grandes hits que acuñó en musicales como Los MiserablesEl fantasma de la ópera y Jesucristo Superstar; junto a canciones emblemáticas de otros musicales, no menos emblemáticos, como La Novicia RebeldeWest Side Story y Moulin Rouge. Pero, también, en este concierto el cantante incorporó temas de su primer disco solista, Here, there and everywhere,donde interpreta canciones de Los Beatles y un sorpresivo midley de “Volver” y “Eleanor Rigby” con el acompañamiento del bandoneonista Nicolás Perrone. El segmento de Los Beatles se transformó en uno de los momentos más celebrados por el público. ¨Quiero que canten todos. Esto es una karaoke colectivo”, dijo el cantante y la gente lo siguió coreando a todo volumen y aprovechando la acústica del Colón los estribillos de “Come together” y “Eleanor Rigby”.

Repertorio latino. El artista, conocido por su gran caudal vocal, ofreció distintos matices en su concierto. Si bien su fuerte son los temas ligados al género del musical, en el Colón el cantante barítono transitó otros territorios. “Si bien soy conocido por un repertorio más anglo redescubrir la increíble música de América Latina”. Para demostrarlo abrió el show con “Yo vengo a ofrecer mi corazón” de Fito Páez en una versión hot jazz, incursionó en el himno “Alfonsina y el mar” y transitó un set de boleros como “Inolvidable” y “Contigo a la distancia”, más cercano al sonido que revistió Luis Miguel en su momento. El bloque italiano, también, ofreció otro lado sentimental del cantante: incorporó temas leimotiv del compositor de películas Ennio Morricone como Il Postino y La Misión, para rematar ese segmento del show con una sensible versión de “Caruso” de Lucio Dalla.

Gerónimo Rauch
Gerónimo Rauch. Foto: LA NACION / Fabián Marelli

Los invitados especiales. Gerónimo Rauch tocó distintas cuerdas emotivas en el público y demostró una formación amplia, que abarca distintas generaciones, que anoche ocuparon la sala del Teatro Colón. En ese rango interpretativo, el cantante no sólo operó como un efectivo intérprete todo terreno y demostró su versatilidad para avanzar sobre piezas clásicas de distintos géneros. Se lució en los duetos que realizó con Magalí Sanchez Alleno en “El fantasma de la opera”, la soprano Paula Amerares en la canción “The Prayer” y con Juan Rodó en “Estrellas” del musical Los Miserables.

Tres himnos. El público estuvo de su lado en todo momento, sin embargo, el cantante ganó terreno no solo cuando recurrió a los fragmentos de los musicales, sino cuando sorprendió con la versión tango de Roxane, que se utilizó en la película Moulin Rouge. “Esta es una mezcla de Sting con un tema de Mariano Mores, que es una manera de homenajearlo en este lugar”, acotó Rauch, ante la ovación previa del público. La canción “Gethsemane” de la obra Jesucristo Superstar fue otro de los grandes hits de la noche, donde se cruzó el rock psicodélico con la épica bíblica del reconocido musical de los setenta. El bis fue otro de los momentos más impactantes de la noche con “The show must go on” de Queen, donde el cantante mostró su chapa de cantante barítono y se ganó el aplauso de pie del público.

El crooner. El cantante se plantó con autoridad en un escenario imponente como el Colón y a la vez reveló una seguridad y una frescura poco común. Rauch pasó de entrar en trance para interpretar los personajes de los fragmentos de musicales, un género que conoce al detalle y que exprime con riqueza interpretativa, a un claro concepto de showman, donde no faltaron los pasos de comedia y una bonhomía que lo acerca a figuras jóvenes del estilo de Michael Bublé. “Está lleno el teatro, ¿vieron todos los familiares que tengo?”. En ese registro, entre descontracturado y canchero, Gerónimo Rauch emerge no solo como una figura contemporánea del musical, sino como un artista mucho más completo y multifacético.

Gerónimo Rauch
Gerónimo Rauch. Foto: LA NACION / Fabián Marelli

Vía LA NACIÓN

El camaleónico Gerónimo Rauch llegó al Colón en el ciclo LN Cultura

El camaleónico Gerónimo Rauch llegó al Colón en el ciclo LN Cultura

En Songbook reunió temas de musicales, los Beatles e himnos locales

LA NACION
MARTES 04 DE JULIO DE 2017
 

Multiplicados por el efecto Lalaland, los nuevos seguidores del musical colman el Teatro Colón, y Gerónimo Rauch parece la encarnación perfecta para este género que, a pesar de su juventud, parece conocer al detalle. Son las 8.21 cuando el cantante aparece detrás del enorme telón. Y es la primera ovación de esta noche -la de anoche- lo que marca el regreso de un hijo pródigo, que triunfó en el exterior y ahora pisa el teatro insignia de la Argentina, en el marco del ciclo LN Cultura.

“¿Estoy despierto?”, son las primeras palabras que pronuncia, mirando de arriba abajo el templo lírico. Todavía no lo puede creer. Está de pie, frente a esa enorme sala, para presentar Songbook, un recorrido por su historia musical plasmada en una larga lista de 18 canciones.

Rauch, en un regreso a casa a lo grande
Rauch, en un regreso a casa a lo grande. Foto: LA NACION / Fabián Marelli

A pesar de la seriedad del compromiso y de lo que significa este peldaño en su carrera, Rauch trata de aligerar la presión del contexto entrando en confianza con el público. “¡Está lleno!, ¿vieron todos los familiares que tengo?”, se ríe. Después sí, con “Summertime”, “La novicia rebelde” y clásicos de West Side Story inicia el viaje por su camaleónica carrera.

Ex Mambrú, en quince años pasó de ser una estrella pop para adolescentes a transformarse en un cantante icónico del musical, como sucedió en su momento con Elena Roger. Ya había tenido una participación en una versión local de Los miserables y en Jesucristo Superstar, que le abrieron las puertas en Europa, cuando protagonizó esas piezas en Madrid y Barcelona, y dio luego su salto al West End de Londres para hacer El fantasma de la ópera según Andrew Lloyd Webber.

Ahora llega desde España, donde vive y viene desarrollando una nueva etapa solista. Está en Buenos Aires para cumplir otro sueño con un concierto a su medida y la de este templo acústico, acompañado por una orquesta de veinte músicos, dirigidos por Tomas Mayer Wolf.

Para sus seguidores, tantos que enseguida se agotaron las entradas de ayer, además de los temas emblemáticos del teatro incorporó canciones de su primer disco solista, Here, There and Everywhere, donde interpreta canciones de los Beatles, como “Something”, “Come Together” y un sorpresivo midley de “Volver” y “Eleanor Rigby”.

Conocido por su gran caudal vocal, el artista ofreció matices en su amplio repertorio: de los boleros “Inolvidable” y “Contigo en la distancia” a un sensible tributo a Ennio Morricone. “No voy a cantar lírico, pero sí quiero pasar por el repertorio italiano”, advirtió, antes de transitar el bloque que incluyó las canciones de El cartero y La misión, hasta alcanzar uno de los puntos más celebrados de la gala con su versión de “Caruso”, de Lucio Dalla. “A todos los que saben italiano, disculpen: hice un curso acelerado, pero lo importante es la música”, se sinceró con frescura.

El dúo con la soprano Paula Almerares, en “The Prayer”, fue uno de los momentos artísticos más celebrados del espectáculo. Así, Rauch tocó distintas cuerdas emotivas en su público, de distintas generaciones. Con la misma personalidad con que interpretó en plan blusero la inaugural “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, de Fito Páez, encaró luego otras excursiones por clásicos de nuestra canción como “Alfonsina y el mar”, de Ariel Ramírez y Félix Luna. Un auténtico todoterreno.

 

Vía LA NACIÓN

Concierto en el Teatro Colón

VÍDEOS

“Comienzo del Show”

“Something”

“Sálvalo”

“Roxanne”

“Gerónimo Rauch en el Colón Maria West Side Story (fragmento)”


Gerónimo Rauch en el Colón Ovación”

“Gerónimo Rauch y Juan Rodó- Salvalo y Estrellas”

“Getsemaní”

“Show must go on”

Gerónimo Rauch Magali Sánchez Allemo en el Colon-
Fantasma de la Ópera

“Gerónimo Rauch en el Colón – Come together (fragmento)”

“Gerónimo Rauch en el Colón Contigo en la Distancia (fragmento)”

“Gerónimo Rauch en el Colón – Music of the night “

“REDES SOCIALES

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@pearl_drums @geronimorauch #drums

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Phantom of the opera #geronimorauch en el Colón

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#geronimorauch Ya en El Colón 🙌🏻

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Trabajando para este genio en el Teatro Colon

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#geronimorauch En el Colón 🎶 Reseña: "Estoy despierto?" Se preguntaba conteniendo con profesionalismo una inevitable e invasora emoción. Y no es para menos. Cantar en el #teatrocolon es en el imaginario colectivo como llegar a un techo en su carrera. Pero es un imaginario, porque a Gerónimo todavía le faltan muchos grandes escenarios del mundo por recorrer y lo que es aún más gratificante para un artista. PERMANECER en el tiempo. Ese, auguro, será su gran logro y legado. Vamos al Concierto: voy a explicar algo técnico lo más facil posible para que se entienda la crítica constructiva. Yo estaba en el Palco Cazuela, casi debajo del arco del proscenio, que como si fuera nuestro paladar para los que somos cantantes, es el lugar de mejor resonancia del sonido. El Colón no por nada es el 3er teatro del mundo con mejor acústica. La cuestión es que el sonidista tuvo que ir haciendo magia durante todo el concierto para ir ajustando el micrófono de Gero. Según gente de platea, efectivamente dos temas no se escucharon, el resto si. Desde mi ubicación por momentos sufrí ya que lo escuchaba desde el monitor de retorno y el sonido se iba para atrás del escenario. Y miren si no tendrá buena acústica el Colón que en un momento la mamá de Gerónimo le habló y desde la Cazuela, 4to de los 7 pisos, se escuchó fuerte y claro. Insisto, en términos técnicos, no es lo mismo un show que un concierto. De todas formas, la gente de sonido fue ajustando sobre la marcha y es un gran mérito. El repertorio además de clásicos de musicales, y de su CD, incluyó un homenaje a Lucio Dalla donde entre otros temas cantó Nella Fantasia, pasó por Yo Vengo a Ofrecer Mi Corazón de Fito Páez, Alfonsina y el Mar, de Ariel Ramírez, paseó por boleros Como Contigo en la Distancia e Inolvidablemente. No dejó de sonar Tango con Volver, Eleanor Rigby y Roxanne homenajeando al Maestro Mores y Sting que la excelsa orquesta interpretó con gran precisión. Gerónimo compartió junto a un Teatro Colón repleto su Songbook, donde deleitó con su voz y nos complació con "Lo viejo, lo nuevo, lo distinto" y eso lo sello con 2500 almas aplaudiendo de pie. Sueño Cumplido. 👏🏻 Laura Alvarez – Alquimia Cultural @geronimorauch

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Fotos de Delfina Oliver

Fotos de Rocío Romeo




Fotos y audios por Natacha Jimena Grande

AUDIOS

Fotos de Manuel Prieto

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Fotos por Marisol Santamaria

Belen Mackinlay




Gerónimo Rauch: “Estoy soñando despierto”

Una guía de veintipocos años y mucha paciencia retiene como puede el alboroto preadolescente de una docena de niños de 6° grado que esperan su turno para entrar a la sala más importante del país. Con un gesto teatral, la guía corre las cortinas para revelarles el Colón y los niños sueltan su asombro con una exclamación tan genuina (y sonora) que todo eso de que los millennials solo viven a través de sus celulares se pone en jaque. “Hay alguien cantando”, se maravilla uno de ellos. Hacen silencio, se sientan a ver y escuchar un ensayo, se sienten afortunados. Lo son. Están viendo a Gerónimo Rauch probar por primera vez la acústica de esta sala con “sonido absoluto”. Son testigos inesperados de un momento único para la vida de este artista. “Estoy soñando despierto”, dice él no bien se baja del escenario que lo tendrá como protagonista de una noche de gala el 3 de julio, cuando presente su espectáculo Songbook, en el marco del ciclo de conciertos en el Teatro Colón de la nacion Cultura. Él también fue un niño, como los que ahora lo aplauden y le piden selfies desde la platea, también se impactó con este teatro cuando lo llevó su abuela a ver El lago de los cisnes a los cinco o seis, también hizo la visita guiada. Su historia de sueños cumplidos suma un nuevo mojón: “He cantado en lugares mágicos. Me quedaba esta cuenta pendiente”.

Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

Mágicos son los lugares pero también los artistas. Después de consagrarse como protagonista de megaproducciones en el teatro musical de La Gran Vía y el West End –Jesucristo Superstar, Los Miserables, El fantasma de la Ópera- , Gerónimo Rauch lanzó su primer disco, Here, there and everywhere, un tributo a Los Beatles, con el que pudo mostrar todo su potencial como artista multifacético. Rauch puede colgar el traje de Jean Valjean, ponerse un esmoquin, y salir a un escenario a cantar a su público sin personajes mediante. Mientras analiza proyectos para volver al musical en el futuro, el presente es ofrecer conciertos y disfrutar de la “magia” que se produce cuando él canta y alguien lo escucha por primera vez: las miradas de admiración son unánimes ante el gran crooner argentino.

Instalado en Madrid, se prepara para seguir de gira -ya estuvo en México y en Colombia-, y trabaja en las canciones para un segundo disco. Aunque el musical lo reclama, dijo que no a una oferta para volver por unos meses al West End por su cita ineludible con su sueño, el Colón. El espectáculo, hecho a medida para este escenario, cuenta con Tomás Mayer Wolf en la dirección musical, ante una orquesta de 20 músicos, su hermano, Marcos Rauch, en la dirección, y la producción de Lino Patalano.

-¿Cómo armaron el espectáculo?

-Son canciones de mi repertorio, de los musicales en los que estuve. Y algunas nuevas que sumamos para que sea una noche elegante. Vamos a tocar en el mejor teatro de la Argentina y vamos a vestirnos como corresponde, en el sentido artístico también. Buscamos un sonido más acústico, no tan pop. El espacio lo pide, que no sea rocanrol.

-¿Qué nos podés adelantar de este Songbook?

Además de los musicales vamos a hacer un homenaje a Ennio Morricone, para mí, el mejor compositor del cine. Voy a cantar en italiano, y me voy a animar a “Caruso”. También sumamos “The Prayer”, de Andrea Bocelli y Céline Dion. Haremos un poquito de Los Beatles. Algo de autores locales, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, “Alfonsina y el mar”. Va a haber invitados, pero no te puedo decir quiénes para que sea sorpresa [risas]. Es un show coherente con quién soy yo, con los sonidos que puedo abarcar. Este es Gerónimo Rauch, con todos sus colores y matices. Por eso se llama Songbook. Esto es todo lo que yo sé hacer. El que venga a ver el espectáculo va a ver todo el abanico. Es el show más difícil que voy a hacer.

-¿Te pone nervioso?

Me pone muy nervioso, muchísimo. Por suerte tengo muchas cosas que aprender para tener ocupada la cabeza. Voy a ir a mi maestro, pasar el repertorio, prepararme, para que el 3 de julio sea sólo disfrute.

-Parece que le tomaste el gusto a esto de los conciertos? ¿y los musicales?

Debo confesar que me gusta mucho hacer conciertos. Quizás porque todavía no apareció el musical en el que yo diga que dejo todo para hacer ocho funciones semanales. Los conciertos tienen esto de que sos vos, y es muy gratificante. Me subo al escenario con toda la energía puesta en eso. El musical te mete en un solo teatro mucho tiempo. Que me encanta, me fascina, pero tiene que ser una gran oportunidad. Sigue siendo lo mío, es mi lenguaje, obvio.

-Te fue muy bien en el West End. ¿Buscarías tu lugar en Broadway?

Broadway me encantaría, pero hay que esperar. Los que no vivimos en Nueva York tenemos que esperar una oportunidad en que busquen para afuera. Que es lo que le pasó a Elena [Roger] o a Josefina [Scaglione]. Que no encuentren a nadie para esos papeles y decidan buscar afuera.

-Estudiaste canto lírico, ¿pensaste alguna vez en dedicarte a la ópera?

Estudié y me gusta mucho, por eso me animo a hacer este repertorio acá. Está ahí, todo está entre el límite entre lo lírico, el musical, el pop. Empecé a audicionar con agentes, y me pedían estar sin trabajar dos años para audicionar en todos los teatros de Europa y esperar a que surja la oportunidad. No me moría de ganas. Si hubiese empezado mucho antes, sí, pero no era parte de mis sueños la lírica, lo uso como un recurso para mi trabajo, me encanta, me fascina.

-¿Cómo ves esta apertura del Teatro Colón a los artistas populares?

Creo que es algo que está pasando en todos los teatros del mundo. Hay un recambio generacional. No se educa en el colegio al público para que les guste la música clásica. Tenés que traerlos al teatro. Está bueno traer espectáculos de otros géneros para que vengan a vivir la experiencia del Teatro Colón. El año pasado estuve en el Teatro de La Zarzuela, que es clásico, y fue uno de los primeros shows de música popular ahí. Está pasando eso. La idea es que entren y se queden, y quieran volver. Cerati fue el primero.

-¿Cómo ves la proliferación de realities para encontrar talentos musicales?

Simon Cowell, que está detrás del éxito de CNCO por ejemplo, por lo general hace las cosas muy bien. Si él está detrás sabés que se va a hacer algo bueno con ese ganador. Pero, ¿conocés algún concursante de La voz? La voz fomenta el crecimiento del jurado. Si me invitan como jurado, yo voy. Es difícil la industria. Te da una difusión que no la tendrías si hubieras empezado solo, y eso ayuda, por supuesto, pero no es todo.

-¿Cómo te llevás con tus fans?

Me gusta estar cerca de mis fans. Conozco sus caras. Me tomo un café a la salida del teatro. Cuando vos estás viviendo en un país que es lejos de donde vive tu fan y sabés que se tomaron un avión para verte, no podés decirle gracias y nada más. Me he ido a tomar una cerveza. Sentís una responsabilidad.

-¿Qué significa el éxito para vos?

El éxito es inspirar. Que me sigan músicos, cuando incentivás a la gente, los animás a soñar, eso es el éxito. Disfruto de eso. No es ser famoso, ni estar en la primera plana de los diarios. Vivir de lo que me gusta, que eso ya es ser un privilegiado, y después ayudar a que los otros sigan sus sueños.

-¿Cómo te llevás con las críticas y los elogios?

Es duro. Ambas cosas. Tengo un amigo que dice: “las críticas léelas, los elogios bótalos”. Hay gente que se nubla en ese elogio. Hay artistas que lo necesitan porque son muy inseguros. Yo me sonrojo, me incomoda mucho más que una crítica. No me gusta que me digan cosas lindas, no sé qué cara poner, me sonrojo, digo gracias. También hay una tendencia que para decirte algo lindo hay que destrozar a otro: cantás mucho mejor que tal, o “pensar que estabas en Mambrú”. Desacreditar a alguien para decirte algo bueno. Puede ser nocivo el elogio.

-¿Cómo te mantenés con los pies en la tierra?

Intento que la vocecita interna que todos tenemos esté contenta. Estar en armonía y en paz con lo que estás haciendo es éxito también, te da felicidad. Ser honesto con uno mismo, hacer lo que uno realmente quiere y no cosas que te alejen de tu ser.

-¿Sos muy exigente con vos mismo?

-Soy muy exigente. Musicalmente. Estoy aprendiendo a relajar, y a vivir el día a día. Me gusta soñar y cumplir los sueños, siempre digo que hay que soñar fuerte. Como esto de cantar en el Colón.

-¿Y cuáles son los nuevos sueños?

– No quiero dejar de actuar. Me gustaría hacer cine también. Y salir de gira. Me gusta mucho viajar y conocer nuevos lugares, cantar y ver la expresión de la gente que te escucha por primera vez. Gran parte de mi carrera fue que la gente tuvo que trasladarse para verme, creo que es tiempo de que yo vaya.

Gerónimo Rauch

en el ciclo LA NACION Cultura

Teatro Colón, Libertad 621

Lunes 3 de julio, a las 20

Entradas disponibles en TuEntrada.com/GeronimoRauch

vía LaNACIÓN.COM

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