Artículo en LA NACIÓN

El crooner latino con una voz de otro mundo

Actor y cantante, Gerónimo Rauch es un placer para los oídos
Actor y cantante, Gerónimo Rauch es un placer para los oídos. Foto: LA NACION / Vane Pellizer

Gerónimo Rauch / Un concierto sin fronteras / Músicos: Tomás Mayer Wolf, teclados; Gonzalo Fuertes, bajo; Mariano Cantarini, Guitarra; Jorge Giorno, batería; Jorge Rafael Caldelari y Paula García Presas, violines; Dolores López Mac Kenzie, viola; Pedro Carabajal, cello; Richard Nant, trompeta; Franco Espíndola, trombón; Liana Catalano, bari sax / Sonido: Mahler Group / Luces: Martín Lavia / Arreglos: Migue Ángel Collado / Dirección musical: Tomás Mayer Wolf / Dirección general: Marcos Rauch / Teatro: Maipo / Funciones: Hoy, martes y miércoles / Nuestra opinión: muy bueno.

Si el objetivo de Gerónimo Rauch era convertirse en el gran crooner latino, el camino que inició al grabar su primer disco, Here, there and everywhere, con un repertorio de tributo a los Beatles, acaba de revelarse como un enorme acierto, en el primero de los cinco recitales que ofrece por estos días en Buenos Aires. La idea presentaba a priori dos situaciones de riesgo: que hacer covers de los Beatles pueda parecer un recurso agotado, y que Rauch, conocido en el país detrás de la parafernalia de su éxito como actor de musicales en el West End, lograra erigirse como el anfitrión de una propuesta de estas características.

Una suma de buenas decisiones evaporó las dudas. Para empezar, el título del espectáculo, Un concierto sin fronteras, permitió crear un repertorio ecléctico, que repasa tanto las canciones del disco como las de los musicales que lo hicieron famoso y otras sorpresas más con total coherencia. El marco resulta clave, y en este caso, liberador.

Las adaptaciones de los temas de los Fab Four para Here, there and everywhere, a cargo del español Miguel Ángel Collado, encontraron en la Argentina a un verdadero maestro de los arreglos musicales para fluir sin sobresaltos a lo largo del espectáculo: Tomás Mayer-Wolf. Encargado de la dirección musical, este as de los medleys hizo su magia para componer enganches inesperados, como “Nature boy”, el clásico de Eden Ahbez, con una versión adagio de “Something”, el primer corte del disco de Rauch. O el tango “Volver” y la versión “tangueada” de “Eleanor Rigby”.

De la misma manera, las canciones de los musicales que hicieron triunfar a nivel internacional a Gerónimo, irrumpieron entre el folklore beatle orgánicamente y no sólo para los aficionados al género: vale la pena una y mil veces escuchar “Getsemaní”, de Jesucristo Superstar; “Sálvalo”, de Los miserables, y “La música en la oscuridad”, de El fantasma de la ópera, en la voz de Rauch. También hubo espacio para que el intérprete se diera -nos diera- un lujo: Elena Roger se hizo presente como invitada especial (habrá un invitado diferente en cada noche), para cantar junto a él “Soñé un sueño”, de Los miserables, obra en la que ambos compartieron escenario en 2000.

La banda, formada por once músicos argentinos, se apropió de estas canciones con solidez y creó los climas necesarios para el lucimiento de la voz de Rauch. Lo que prevalece como unánime respuesta ante la pregunta, inevitable por cierto, de “¿qué hay de nuevo en un tributo a los Beatles?”, es eso: la voz inmensa, total, de Gerónimo Rauch. Una voz de otro mundo. Decirlo es pertinente porque si algo le falta a este artista para convertirse en el crooner latino que quiere y puede ser, es convencerse en el escenario de lo que todos vemos que pasa cuando empieza a cantar: el público entero está en sus manos. El rol de anfitrión, sin embargo, parece generarle dudas sobre su poder hipnótico, dudas que con el correr de la función se diluyen entre tanta ovación de pie.

 

Vía LA NACIÓN

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